domingo, 21 de agosto de 2011

DEL NUEVO LIBRO DE ORLANDO GUILLEN

EL ANSIA DE LA PANDORGA


ORLANDO GUILLEN





Surden al primer albur de albor. Noctívagas vagonas repletas


De miedo de las güestes celestiales


Caminan jadeantes como bestias bien arreadas cargas de leña


De vacío.


Como de Lo Luz Lo Oscuro. De Lo Sustancia Lo Flor. Como de


Horca las racimas esenciales


De Lo Forma. Noctívagas sudorosas descargando sobre ya muy meado río


De Nada y de corazón mamá. Meaos y a muy meaos. Meaos fermentaos


De Persona


Que no Será Ser entre las patas de estas bestias de carga terrenales


En los Altos de Santa Marta de Soteapan y San Martín de Acayucan


Meaos y Fermentaos y


Ovalaos de Persona,


Fandango de velorio, pespunte al jaraneo. Mortorio de las inmortales.


Chachacan chacan


Chachacanchá


Caamaño me gusta


Pa trabajar


Chachacan Chacan


Chachacanchá


Caamaño me encanta


Pa trabajar


Ay una duenda


Y un duende


Poemaban duendejadas


Diciendo la duenda


Al duende:


“Si por la rueda de Oriente


Se ven venir las cascadas


Es que al Sol está caliente


Y está cogiendo a vaciadas


Con la noche que se queda


Muerta de tantas culeadas”


Y el duende le contestó:


“Échate éste y vamonós”


Y el duende le contestaba:


“Échate éste y vamonós”


Chachacan chacan


Chachacanchá


Caamaño me gusta


Pa trabajar


Chachacan chacan


Chachacanchá


Caamaño me gusta


Caamaño me gusta


Pa trabajar


Chachacan chacan


Chachacanchá


Caamaño me encanta


Caamañ me encanta


Pa trabajar

lunes, 30 de mayo de 2011

un poeta de minatitlán, Veracruz

Desnudo rubio
José Homero (poeta veracruzano) 

el cuerpo convertido en torso
enhiesto
ávido del salto y el reflejo
opulento y tenso
terso viento
música del cilindro y las esferas
música
armonía
sucesión de espacios
o el giro de la luz en los volúmenes
como el despliegue
la secuencia del cuerpo en movimiento
 trazando sinfonías donde se unen los contrarios

 la carne: sucesión de odres y de pliegues

un cuerpo donde el deseo ha difundido el rostro
y la ocultación excita el orificio
aunque muestra todo aquello que se opone a lo profundo:
la superficie donde la lengua titubea
se devora demorando su sonoro
chasqueo
trémil balbuceo en los hombros
el vientre

y un restallido frutal en los pezones

No digas que ese cuerpo
roído por el sol
vive porque estremece
al animal que mora en mi entrepierna
sólo la luz continúa

su danza discontinua por las zonas

que el deseo revela

viernes, 22 de abril de 2011

poeta veracruzano

FILOSOFIA

Raúl Iván Méndez.

Yo sé que existo, porque tú me piensas
y sé que moriré cuando me olvides...
bajo mi pecho nacen ríos y mares
y más arriba palpitan las estrellas.

Se derrumba la noche tiempo abajo
huelo tu insomnio amor; tu soledad y una
vigila estelar.          Junto a la sed, la seda
de los versos que tejes conla luz de la luna

Entre el sol y el mar, me faltas cada día
(siento tu mano y tus cabellos en mi frente)
y eres lo que me queda de luz y melodía

La llama y el aroma tenaz de los jazmines
entre la vida y la muerte al mediodía
perfil de flor, luna morena entre violines.

poeta de chiapas

SONETO PLUVIAL
Joaquín Vázquez Aguilar (qepd)

Lluvia anunciándose. lluvia con sonido
de lluvia que se acerca como denso
panal bullente. lluvia como extenso

de dioses, con atronador zumbido
de río colosal, de saurio tenso.
lluvia mayor, lluvia del más intenso
y más salvaje y más feroz rugido

torrencial. lluvia que trae más lluvia
y más agua y más mares y más lluvia.
violenta lluvia, ronca. lluvia tal

que su furor lluvioso harto de lluvia
rompe el último cerco de la lluvia
más sorda y más atroz, lluvia total.

martes, 1 de marzo de 2011

 LA NOSTALGIA DE TEODOSIO GARCIA[1].
Samuel Pérez García.

Escribir poesía no es una tarea sencilla, implica abrir ventanas del alma para que otros miren e interpreten lo que tímida o clara puede asomarse. Por eso los poetas son catalogados seres que muestran su pena al mundo, y al hacerlo, se vuelven aptos para ser receptores de caudales de lástima que su poesía provoca. No a todos les toca esa cualidad, porque tampoco es la única manera de labrar la palabra poética. Muchas veces, los poetas, en su intento de ser distinto, experimentan con la palabra diversos modos de expresar eso que les pudre el alma. Unos escriben sonetos a la mujer amada, otros satirizan la situación social rimando los versos como ese famoso poema de Quevedo: Érase un hombre a una nariz pegado/ Érase una nariz superlativa/ Érase una alquitara medio viva/ Érase un peje espada mal barbado/ o las Redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz sobre la mujer: hombres necios que acusáis/ a la mujer sin razón/ sin ver que sois la ocasión/ de lo mismo que culpáis: si con ansia sin igual/ solicitáis su desdén/ ¿Por qué queréis que obren bien/ si la incitáis al mal/. Por eso, tal vez, Teodosio García Ruiz, un poeta tabasqueño que comenzó su obra literaria y poética en la década de los ochenta, expresamente en 1985 cuando publica Sin lugar a dudas, escribe Nostalgia de Sotavento (2003) en un intento de salir del esquema que todos los poetas siguen: escribir con la parsimonia que exige la norma de la poesía que se aprende en los recintos universitarios, y nos ofrece una obra donde no encontramos la formalidad del pensamiento y de la emoción refinada, sino, acaso, la irreverencia contra el estatus social, la mirada crítica a la economía de la gente, el desparpajo para increpar al que lo oiga, sea culpable o no, de la transformación que convirtió a la selva tropical tabasqueña en un páramo de aceite y fierros oxidados, pozos incendiados, muertes violentas por las explosiones imprevistas de los gasoductos, y a la par, lo que lo hace distinto de una crónica periodística: el encuentro de Teodosio con aquellos años de su infancia, cuando los únicos regalos que recibía de su padre eran los regaños y los cocotazos.
No es esta una obra donde nos solacemos con la nostalgia a secas. Es un pretexto para entreverar que más allá de la modernidad que trajo el boom petrolero en el trópico tabasqueño, existe otra manera de resaltar el sentimiento que pervive en las masas de cascos y tornillos, grasas y franelas sucias, que cobran vida a través del quehacer poético que Teodosio consigue con este libro.
Dice en uno de los poemas:
Somos la avanzada, selva adentro, de una civilización a construir con maderos, cochinita pibil, barbacoa de Orizaba, pozole jalisciense, regionales estampas de una identidad escaldada en botanas y cervezas preñadas en cada campamento de exploración/ 
Quien no sepa de poesía y de sus formas, dirá que es una crónica periodística y no poética, pero el poeta trampea con esto, porque al final, cierra la idea que le cercena el sentimiento, al escribir en ese mismo texto:
Dejamos solamente la infancia allá, porque en estos rumbos la vida comienza y nos crea nuevamente. Es esto lo que hace poético al texto y lo separa de la crónica a secas, periodística.
En esa nostalgia sotaventina, la mujer no falta. Ella es vista como tierna, dócil y brava o simplemente como aquella que se cargará de hijos de algún petrolero desconocido, que producto de lo que la paga deja, van buscando en las mujeres lo que vive entre las piernas y les da aliento para laborar embarrados de grasa y oliendo el óxido de los fierros hasta que llega la catorcena y seguir “siendo obreros para construir el futuro”. Tal no ha sido fácil, porque en la memoria de Teodosio  quedaron las corretizas de las explosiones imprevistas, y de esas andanzas cuando andaba metido en los talleres para ganarse un lugar en ese futuro negro que se creía del petróleo, y lo hace rememorando la diabetes que se le enconchó en el último rincón de su alma, y que de paso, lo dejó ciego.
Nada escapa a la mirada de obrero y poeta. Teodosio García, igual que Neruda hizo con las uvas y las cebollas poemas que el hombre común no podía imaginar, el tabasqueño lo consigue con el trapo sucio y la franela que usan los obreros para limpiar las máquinas. Por la importancia que tiene el texto dentro de la obra, transcribo completo:
Una vez dije:/Labor de dios/Es labor de trapo/.Franela indigna/Ensangrentada,/Grana,/Floreciente, flagelo/Del herrumbe/.
………
Cuando acabas blancuzca/De tu hábito/Vuelves a lavar/-infiel algodón rojizo-/El rostro de dios/Si es posible. /
Y así  va el poeta pasando lista de presente a la jerga y su envidia, a la caja de herramientas, a los baños del taller, a los bomberos, al chango Mortimer Nolasco, pitcher en el beisbol, quien perdió un brazo entre las cuerdas aceradas del malacate, accidente que lo inutilizó para nunca volver a lanzar sin hit ni carrera. Ese fue la única queja del Chango Mortimer.
Pero insisto, la poesía de Teodosio no es una simple crónica sin más; ésta es el pretexto para meter la nostalgia con toda la fuerza necesaria. He aquí otro ejemplo tomado del poema de Los bomberos de rojo como que bailan:
Después de describir la tarea de los apagafuegos dice en la última estrofa:
Deben ir en helicópteros: saben/Que a veces la unidad les falla,/Pero el miedo no,/Ese está escondido/Adentro del uniforme.
Pero el poeta que no configura en los versos su pasado, que no subjetiviza sus emociones y la enciende para que otros la miren, no es poeta. Por eso Teodosio no podía olvidar la recomendación de Allan Poe sobre la construcción de los poemas: el centro de todo es la nostalgia- dice el escritor. Así, el poeta de Cunduacán escribe:
Cerca de los candeleros, donde el humo de los gases asciende caracoleando, un pedazo de infancia se revela, yace con los ojos abiertos, como viento entre los aguaceros la aparición de unos fantasmas nacidos de los relatos de los jóvenes mayores, de las desdentadas voces de los abuelos, de los dientes que se fueron cayendo en cada grado escolar hasta que apareció la muela del juicio.
Por ahí la infancia, canciones de cuna que todavía se escuchan en las rocolas viejas. p.47
Y tampoco es poeta quien no plasme en sus versos emociones encontradas. Dice en otro texto: 
Odio a mis padres/Sus inútiles consejos de cuidar el mundo/De no andarse por las ramas cuando suceda el fenómeno/Cuando la lluvia no sea más lluvia/
Que mis brazos caídos
…….
Odio a mis padres/….Porque yo elegí el camino que no vieron/Y ahora me arrepiento de no ser como ellos.
Asimismo, no hay poesía si a la mujer no se le nombra. De  ellas Teodosio da su versión: Las mujeres tienen ojos de misterio, procesiones amplísimas de alaridos irreconocibles; son tiernas dóciles y bravas.
Sonroja la piel una de ellas, un tatuaje nuestro de herrerías medievales y desnudas odaliscas. Y nos aman
Abunda en otra parte:
“Alguna mujer tuvo para mí su tersa piel, su pierna tibia, sus pechos ardientes. Imagino sus herramientas de piel dispuestas para mí. Sus oraciones y abluciones matutinas mientras canta una canción de moda.” p. 92
Pero no se queda así. El poeta también es irreverente con ellas cuando escribe:
Tu sexo no es como dicen los poetas/Un molusco atroz/Un peludo beso/La hendidura salvaje de la vida/Es el culito más rico del mundo/Y quiero más.
Sin embargo, el centro de todo el poemario no me parece que sea la transformación de la selva en páramo petrolero. Ese es el gancho para que el poeta deje correr el río de la emoción que lo agita. Su centro es la nostalgia por la infancia que ya no tiene regreso. De esa infancia escribe recordando un cumpleaños: /mis regalos ha sido putizas/ cocotazos/ dulces palmadas al hombro/ y lava el coche azul/ échale agua al parabrisas/ p.112
Pero también lo mira ese pasado desde el coraje o la sonrisa burlona cuando nos cuenta que las chamacas con tal mejorar la raza se dejaban preñar por un petrolero, cuyo nombres eran raros y oscuros como el propio pasado que el guarda del otro Antonio García, “el ojo de gato”, que Teodosio refiere como un forjador de historias y de anónimas borracheras que están grabadas en “la piedra de aceite, en las madrizas a sus hijos, en las fidelidades de los sábados para beber cerveza con el compadre “pata de loro”, con “bigote blanco”, con “el ronco” del taller de hojalatería. p.96  
Más allá de esto, el poeta se mofa de ese mundo de oropel que el petróleo dejó. De cómo sobrevivir en ese mundo que el auge petrolero construyó. Para eso hay que ser amigo de la Quina, de Barragán Camacho o de Carlos Romero (dijéramos hoy). Ser petrolero para no estudiar, ser de planta para heredar el trabajo a los que siguen de la generación familiar, que para el poeta es como tener agarrado a dios de un huevo, eso es ser petrolero para vivir bien en el futuro. Aunque él ahora esté ciego y recuerde ese pasado que lo lleva de vez en cuando a lagrimear, pues reconoce igual que lo pozos petroleros, que ya esta viejo y dolido del vientre, con las costillas rotas aunque feliz. Que su corazón es fuerte como la piedra que envejece los caminos de tantos mirarlos.
Esta es la nostalgia de sotavento de Teodosio García Ruiz que, a veces con parsimonia, otras irreverentes, pero siempre abriéndose al sentido crítico que su experiencia le da,  ofreció en esta obra su palabra poética que aparentando ser una crónica contiene oro  de poesía. Es este libro otro modo de labrar la poesía tabasqueña, fuera del canon pelliceriano. Crónica como vía para que florezca la nostalgia, sentimiento central en todo buen poema. Si en el texto, así sea rimado y medido, la nostalgia no se asoma, no hay poesía. En Nostalgia de Sotavento no sucede eso. Es un libro que nos invita a leerlo para descubrir mediante la memoria de Teodosio, nuestra propia infancia determinada por el boom petrolero que a todos afectó y a pocos benefició.





[1] Teodosio García Ruiz. Nostalgia de sotavento. Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, México, 2003, 137 pp.

lunes, 21 de febrero de 2011

Dualidad
Manuel Álvarez

Te he visto dormir
La mitad de una jornada
Ser lobo o mujer
O ambas a la vez;
En tanto la luz  cura la herida
Por andar a tientas
Una y otra vez.

“Luz silenciosa” de Yadith Río de la Loza


GRITOS
Manuel Álvarez

A media luz
En el cuerpo de miel
Tus pechos son un relincho
De la otra  que yace en ti.



“Equinoccio” de Yadith Río de la Loza.

EL VIEJO AUTORRETRATO

Jaime Ruiz Ortiz(poeta tabasqueño).

Te he visto, conozco
Los que has sido.
Un ahogado en libertades.
Mojarte en viento
Y aguas solidarias.
Te he visto con tus pasos
Bañando ríos de ti
Playas con los besos que te han prestado.
Te he visto también
Aprisionado como un tigre en sus bengalas
Tragarte tu asco, tu silencio
Caminar la inocencia del sadismo
Entre cenizas, brasas, humo agonizantes de cigarro.
Te he visto el fuego
La cura, la herida
La sangre de la espina en que descansa el dolor.
Y te he visto al fin contemplando tu propio hundimiento
Espantar al calor como a los moscos
Y crecer como el día
Y como la noche
Y derramarte en gotas de brillos durmiendo.
Y la gente te llama imbécil, idiota, poeta,
Traes el perdón y el pecado en la garganta.
Y yo te he visto, me he fijado últimamente
Eres como un vaso de agua seca  que cae y se derrama
Y moja
Conozco, he visto
Lo que has sido siempre.
Un ahogado en libertades.
Un poco tonto
Un poco amargo
Un poco.
Siempre.

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Villahermosa, 1975. Es poeta y ensayista. Estudió licenciatura en Comunicación por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Es coautor del libro José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda, (2003)

 FALSA CREENCIA Me creí poeta cuando tus pezones Me irisaron la mirada Creí que era Jaime Sabines Ante la urgencia de un verso sencillo Pero...